lunes, 6 de octubre de 2014

EL SILENCIO (1)




       Yo, la voz narradora de esta historia, y tú lector que has llegado hasta aquí, y el hombre singular que campa por estas páginas, tan distinto de sí mismo como uno puede serlo de uno mismo, y nosotros - Elías, Adrián, Onésimo, los que más, etc. -, y vosotros los que no habéis abierto las páginas de este libro todavía, y sobre todos ellos, los días y las fatigas y las pequeños ripios de felicidad que nunca vendrán a vosotros porque se quedaron en la inmensidad de lo olvidado para siempre, estamos aquí, frente al mar, en Finisterre, más allá del faro del fin de la tierra, allí en donde el acantilado de piedra se llena de pequeñas ofrendas del caminante, de los caminantes, de esos centenares, quizás millares, de pequeños objetos que nos hablan de esos pequeños seres humanos que llegaron aquí, desde tan lejos, aquí donde todo acaba. 


       Es verdad lo que decían los clásicos, poco importa que este cabo no sea realmente el más occidental de Europa; es verdad, aquí se acaba realmente La Tierra. A poco que tus viejos ojos cansados te dejen ver podrás descubrir que las aguas del mar caen, caen en un salto libre del que no se conoce término, caen hacia lo que algunos llaman el otro lado, caen hacia donde nadie ha ido, caen hacia donde nadie puede ir sin dejar de ser lo que es, esta fragilidad de la memoria en medio de la desmemoria, hacia el no ser, hacia la inconsciencia. 
       Así todas las personas verbales de todos los verbos, pendientes de un hilo, en los albores del fin de la tierra.















8 comentarios:

  1. Extraordinario texto. Sí, extraordinario. No se puede decir más en menos... ni mejor. Me hubiera gustado poner un acento también en sorprendente... pero no lo hago para no restar valor al extraordinario. Qué buen escritor... y cuántas cosas llevas dentro. Ese viaje al fin de la Tierra - que es el viaje permanente - simbolizado en esa palabra que tanto amo con la que tú titulas esta entrada. El silencio, donde se acumula la historia, la memoria, el olvido, los pasos dados por la Humanidad, a nivel colectivo e individual. El silencio, que es la abrumadora respuesta a las preguntas, pero también, cuando se conoce en profundidad, el inmenso escudo de protección del caminante. Gracias por escribir algo tan bello. Que a mí, al menos, me llega hasta el fondo de mí mismo.

    ResponderEliminar
  2. No solo el texto, que desde un poco antes de la mitad hasta el final es, además, impresionante. También esa foto. Tan adecuada, tan concreta, tan representativa del esfuerzo baldío acumulado. Pero no es baldío, Santiago. Si lo hubiera sido, si lo fuera, seguiríamos sin haber vislumbrado ni siquiera un átomo de luz. Al menos sabemos de qué lado estamos, quienes somos - me refiero a nosotros y algunos, no muchos, más - y que el lenguaje y la cultura van construyendo ( a pesar de los bárbaros, de este tiempo y de todos los tiempos ) la Humanidad.

    ResponderEliminar
  3. A veces siento que el sistema informático no me permita imprimir y guardar tus textos, tus cosas. Porque estarían no solo en el ordenador, sino también entre mis papeles de cabecera. Espero que una perturbación solar no acabe con la "nube" y que sobrevivan a la cotidianidad.

    ResponderEliminar
  4. Gracias, Emilio, por tus palabras.
    La verdad es que no sé qué decir.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Querido Santiago, me encantan las reflexiones de este texto. Confieso que había leído pocas cosas tuyas pero con estas líneas me has puesto la miel en los labios y buscaré tu obra.
    Un abrazo
    David

    ResponderEliminar
  6. Gracias, David, por tu lectura y por tus palabras.
    La próxima que nos veamos te llevaré algo con un poco más de sustancia, creo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Igual no he entendido bien, eres una persona sensible, que te deleitas escribiendo, sabiente de que tienes una pequeña musa en tu pluma, de todas formas y no quiero errar en estas bolsas de basura, estamos en un siglo en el que estamos aprendiendo areciclar...

    ResponderEliminar
  8. Estimada M. Ángeles Batet.
    Gracias por tus palabras.
    Ya sabes, el silencio tiene eso, es lo mismo para todos, ausencia de sonido.
    Pero sólo eso, porque más allá de esa ausencia habita lo subtejivo, que es distinto para cada cual.
    Una bolsa de basura es silencio, no hace ruido alguno, tal cual está, quieta, amontonada sobre otra; pero dentro está el ruido de la vida de quien las ha llenado.
    Tú con estas bolsas de basura haz lo que quieras, llénalas con tus sentimientos, que son lo más importante.
    Un "besoabrazote", muy, muy grande.

    ResponderEliminar

VALFINDELAT

¿Dónde estás?